Interpretaciones teológicas de la actual cosmología física.
Mayo 13, 2008 Debate Abierto Sin ComentariosInterpretaciones teológicas de la actual cosmología física. ¿Creación desde la nada? Unfragemtne de un estudio de Gonzalo Puente Ojea:

En un trabajo reciente, Theological misinterpretations of current physical cosmology (texto de la conferencia pronunciada en Santander el 8-9-1995, que debo a la gentileza del Dr. Adolfo Cámara), Grünbaum reafirma que «ninguna de las dos mayores cosmologías físicas del siglo XX apoyan la creación divina, de tal manera que el ateísmo nada tiene que temer de las explicaciones exigidas por estas cosmologías. Sin embargo, teístas que van desde Agustín, Aquinas, Descartes y Leibniz hasta Richard Swinburne y Philip Quinn han mantenido que, a cada nuevo instante, la existencia del mundo exige la creación divina ex nihilo como su causa». Lo cual resulta extravagante y absurdo. Como indica Grünbaum, «en efecto, según tales teístas, para cada momento dado t, la volición de Dios de que el-mundo-debe-existir-en-t realiza supuestamente su existencia real en t». Quinn argumenta gratuitamente que esta peculiar doctrina de la perpetua conservación divina «es enteramente compatible con la energía-conservación física en la cosmología del Big Bang, así como con la física de las teorías del estado estacionario» (textos tomados del Extracto de la conferencia por su propio autor). El sólido desarrollo que ofrece Grünbaum concluye con la declaración estricta de que «en las cosmologías mayores del siglo XX no hay margen alguno posible para un papel creativo de la deidad en cuanto ratio essendi» (p. 15).
J. D. Barrow y F. J. Tipler, difícilmente sospechosos de malquerencias religiosas, dedican un sub capítulo de su mencionado libro a la «Creación ex nihilo», en el cual sostienen lo esencial de las conclusiones de A. Grünbaum. «El éxito del retrato del universo inflacionario -escriben- ha estimulado alguna especulación de largo alcance acerca del origen del Universo. En particular, han surgido discusiones matemáticas sobre el problema de la creación del Universo desde “la nada“. En términos aproximados, estas ideas contemplan el universo todo como una gigante fluctuación virtual mecánica cuántica del vacuum. Recuérdese primeramente que el retrato moderno del vacío cuántico difiere radicalmente del significado cotidiano y clásico de un vacío -nada-. El Principio de Incertidumbre de la mecánica cuántica nos prohíbe la completa información que necesitaríamos para hacer tal afirmación dogmática sobre una región de espacio-tiempo. Los estados de vacuum cuántico (o vacuos, ya que pueden existir muchos), que hemos estado discutiendo en las secciones precedentes, son definidos simplemente como mínimos locales o globales de energía…» (1986, p. 440 c.m.). Pese al sabor metafísico de esta noción, los autores precisan oportunamente que «la microestructura del vacío cuántico se concibe como un mar de pares de partículas-antipartículas, creándose y aniquilándose continuamente, que existen para tiempos ∆t» (ibid.), que poseen consecuencias observables para la estructura atómica confirmadas mediante experimentación. Sin embargo, esta imagen del Universo (en este caso, finito) como una fluctuación de un vacío de larga vida presenta importantes problemas teóricos, alguno derivado del hecho de que el «principio de incertidumbre» es equivalente, en términos de ondas, «a la existencia espontánea de una fluctuación acausal» (p. 441). Como sabemos, la fluctuación cuántica es un cambio momentáneo en el estado del espacio vacío, permitido por el Principio de Incertidumbre. Según lo expresa concisamente John Gribbin, «la incertidumbre cuántica permite la aparición de pequeñas cantidades de energía a partir de la nada con tal que desaparezcan en un tiempo muy breve (cuanto menor sea la energía en la fluctuación, más tiempo puede durar). Esta energía puede tomar la forma de pares de partículas y antipartículas de corta vida, por ejemplo un par electrón-positrón» (Diccionario del Cosmos, trad., Barcelona, 1997, p. 135).
La física cuántica obliga a modificar radicalmente los hábitos mentales y los esquemas conceptuales con los que nos representamos la realidad cósmica original y su despliegue fenomenológico. La teología, particularmente sus versiones teístas, quedan automáticamente excluidas del nuevo marco conceptual, no porque las ciencias de la naturaleza hayan demostrado la inexistencia de Dios en el contexto caduco de la tradicional ontoteología -pues no es ésta su tarea-, sino porque desde los comienzos del siglo que ahora concluye, la figura real del mundo es el resultado de una metodología del saber que ha dicho definitivamente adiós a las ontologías filosóficas tributarias todas, en mayor o menor medida, de la herencia platónico-aristotélico. «Hoy sabemos -resume apretadamente V. J. Stenger-, que en el mundo cuántico de átomos y partículas subatómicas, una caja que no contenga materia o energía alguna todavía no está vacía. Las partículas son creadas y destruidas en escalas diminutas de tiempo -típicamente, menos que 10-20 segundos-, mientras que la energía total sigue siendo cero por término medio. Si las partículas pueden crearse en esta escala de tiempo, entonces pueden ciertamente ser creadas en la escala del Tiempo de Planck [que se alcanza cuando el universo tenía la edad de 10-43 segundos]. El universo pudo haber ocurrido como una fluctuación cuántica en la nada. Justamente después del Tiempo de Planck, cuando podemos usar con seguridad los conceptos de espacio y tiempo, el universo era una esfera de 10-33 centímetros, vacía de radiación o materia tal como ahora la conocemos; las partículas y fuerzas de hoy no existían. Luego, según la esfera se expandía, el orden fue espontáneamente creado como partículas elementales -quarks, electrones, neutrinos- y las leyes físicas a que obedecían aparecieron de la nada. Ninguna cosa de éstas viola principio alguno de la física. De hecho, estos mismos principios vinieron a la existencia como parte del proceso mismo de ordenamiento.» Así, «nuestro universo, con su particular estructura, fue, por sí mismo, un acontecimiento muy improbable. Sin embargo, consideremos que no precisamente fue creado un universo sino muchos, cada uno de ellos un pequeño dominio vacío. Uno de estos dominios se expandió y enfrió, desarrollándose en ese universo algo ordenado que experimentamos hoy, con una dimensión de tiempo, tres dimensiones de espacio, materia, y las reglas que ahora la materia parece obedecer. Otros universos pueden existir con diferentes estructuras y reglas, incluso diferentes dimensiones» (1988, pp. 26-27 c.m.). Pero nuestro dominio fue capaz de producir vida al menos en nuestro planeta, «muy improbablemente, sí-más improbablemente que ganar en la lotería nacional o en una máquina tragaperras-» (ibid). La referencia recomendada para una descripción solvente de esta compleja información sigue siendo S. Weinberg, Los primeros tres minutos (trad., Madrid, 1978).
El mito del alma (Gonzalo Puente Ojea), pag. 18-21 ©2000 Ed. Siglo XXI
Una cita de este magnífico autor:
El modelo teísta-creacionista no es sino la rutinaria prolongación de la prehistórica fantasía mítico-religiosa que protegió en cierto modo al ser humano contra la desesperación ante lo enigmático o inexplicable.


Lo más relevante de esto es cuando hablan tan alegremente de moral. ¿De qué moral hablamos? Ya somos mayores para diferenciar la moral de la ética. Se pierde moral según la Iglesia, pero… ¿su moral? ¿Y la moral de otras confesiones? La moral judía, la moral sectaria evangélica, la moral mormona, la moral de los TT.JJ., la moral hinduista, la moral budista, etc.
Los peces, como un par, es parte del zodiaco de los caldeos (Babilonia), como uno de los signos de culto astral al Sol en el centro del zodíaco. Por lo tanto, forman parte de el y es un signo de adoración al sol.

Es difícil ser entendido. Ya hay que estar agradecido de corazón por el buen propósito de interpretarnos con alguna finura: en los días buenos ya no se desea ninguna interpretación. Hay que conceder a los amigos un holgado margen para la mala intelección. Me parece que es mejor ser mal entendido que no entendido.









