Soledad

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Estoy releyendo de nuevo la obra de Miguel de Unamuno, Soledad (tiempo que lo leí allá por los ochenta). Todo viene a un artículo que leí sobre el escritor en El País (ver Nota) cuando en los últimos años de su vida fue ninguneado y apartado en la soledad de su casa allá en Salamanca. Republicano y antimonárquico pero incomprendido por los republicanos y ninguneado por los fascistas. El mismo comentó: “ni con los hunos, ni con los hotros”, con -h-. Algunas veces al pasear por la calle Somera encuentro en un Gambrinus el portal de Ronda donde figura una placa que reza el nacimiento de tan insigne escritor y ensayista. Las mismas calles por las que paseaba Miguel de Unamuno.

Soledad es una obra que no solo habla de la soledad y de la bondad que se encuentra en la soledad. Aprender a vivir en soledad para comprender y comprenderse mejor. Sabéis que soy un defensor de la soledad, cuantas veces he comentado que en la naturaleza del ser humano (gregaria) existe un ser solitario. Y que uno de los grandes problemas sociales es que la sociedad de consumo ha tragado al ser humano de tal forma que lo incapacita para vivir solo y en la soledad saber relacionarse como inicialmente fue.

Se que sobre esto muchos pensadores pueden aportar mucho, se que de esto tod@s podemos aprender y dejar opiniones. El creyente de pro, religioso confeso, practicante y miembro de una religión no deja de ser un tipo “amargado” ante la posibilidad de reencontrarse y verse a si mismo en la soledad. Soledad que como Miguel de Unamuno expuso sirve para conocerse mejor y así aprender a conocer a los demás. De ahí creo que radica un gran problema del religioso o creyente afiliado a un dios: no se conoce a si mismo y tan solo tiene una imagen esterotipada de lo que su Biblia dice de él. A esto comenta Miguel de Unamuno en la soledad:

“Fíjate y estudia a todos los sectarios, a todos los dogmáticos, a todos los que dicen y sostienen que al borrarse de la conciencia de los hombres tal o cual principio ético o religioso, que ellos creen el quicio de la vida social, la sociedad se destruiría; fíjate en ellos y estúdialos, y verás que de lo que carecen los pobrecillos es de imaginación. Un día le oí a uno de tales decir que sería imposible una sociedad bien  ordenada si desapareciese por completo de todos y de cada uno de sus miembros el temor a las penas eternas del infierno y la creencia en ellas, el miedo al diablo y a la muerte.” (Soledad, pag. 48)

Y ya de lleno sobre la soledad, Don Miguel (me gusta decirlo así) comenta:

“Se busca la soledad no más que para huirse cada cual de sí mismo, y así, huyendo cada uno de sí, no se untan y conversan sino sombras vanas, miserables espectros de hombres. Los hombres no conversan entre sí sino en sus desmayos, vaciándose en sí mismos, y de aquí el que nunca estén más de veras solos que cuando están reunidos, ni nunca se encuentren más en compañía que cuando se separan.” (pág. 34)

Una cita más:

“Solo en la soledad nos derrite esa espesa capa de pudor que nos aísla a los unos de los otros; solo en la soledad nos encontramos; y al encontrarnos, encontramos en nosotros a todos nuestros hermanos en soledad.”

¿Interesante, verdad? La verdad que éste último párrafo sobre la soledad da jugo y diferentes formas interpretativas (digo yo). No se que opináis vosotros…

¡Bendita soledad! que mana en los remansos de éste foro, donde la lectura de cada cual deja espacio para el pensamiento, la comprensión de los demás sin iras ni venganzas, sin obsesiones ni estados febriles, sin malignidad ni odio, etc., esos pecados que adolecen tanto los sectarios, fascistas, intolerantes, fundamentalistas e integristas religiosos.

Bendita “soledad”, la mía, que elegí yo mismo donde conozco y aprendo mejor mediante una lectura sosegada a los demás. Anhelada soledad en este cafetín social y virtual. Soledad, que anima a una comunicación fluida y a un contacto de verdadera amistad entre las personas. Creo que a ésta soledad se refería Miguel de Unamuno. Coincido en este punto con Don Miguel, con la soledad llegamos a la sociedad. Soledad que aprendiendo a llevarla en momentos de la vida acaba con los dogmatismos religiosos, promociona en la mente la racionalidad, incita al conocimiento y con ello la razón crítica. ¡Qué veneno para las religiones, por ello satanizan la soledad!

¿Realmente la soledad es negativa? ¿aparta al ser humano de las relaciones sociales? A mi juicio no, es mas, creo que da criterio y nuevas formas de comunicación.

Recibí un mensaje en el cual se me recriminaba mi forma de elegir libremente dónde escribo y qué escribo. Un sujeto de  oscuras intenciones al cual más vale ignorar, esos galantes de dios en la tierra, esos creyentes integristas de los cuales he comentado, esos sectarios que llama Miguel de Unamuno. En el mensaje en resumidas cuentas llega a decirme entre varias insustancialidades que yo estaba muerto, literalmente:  “Has muerto”. No sabía que era un muerto viviente, un muerto que escribe libremente donde quiere.

Y termino poniendo estas letras de Miguel de Unamuno:
¡Si supieras lo que debo a mis dulces soledades!

Jean Pierre Dubarri

Nota: La soledad de un viejo liberal (El País)
http://www.elpais.com/articulo/ensayo/soledad/viejo/liberal/elpepuculbab/20070113elpbabens_2/Tes

5 Comments to “Soledad”

  1. Juan Carlos 28 Marzo 2009 at 8:05 #

    Impresionante la actitud de Unamuno en un país de gregarios como este. No hay mayor valentía que aceptar esa soledad moral por no traicionar nuestro propio pensamiento. A mi también me gusta la soledad que te permite pensar y leer tranquilamente los pensamientos de los demás.

  2. Yolanda 22 Abril 2009 at 20:35 #

    Nacer para morir y, en el camino ,el reencuentro con nosotros mismos, con nuestros pensamientos y el latir del corazón.Siempre persiguiendo estrellas lejanas desde la profundidad de un mar que late en silencio.Haciendo rodar perlas ocultas que observan la luz del firmamento,el brillo de un lucero que no se apaga aún brillando miles de minutos atrás.
    El reino de el olvido llora porque la soledad ha exiliado la muerte.
    …..
    El que tenga inteligencia, que entienda.

  3. Pablo Bethencourt 7 Junio 2009 at 9:15 #

    Creo que nadie debe afirmar que son pobrecillos los que creen que el mundo sería nada sin principios morales, éticos y religiosos, porque entonces se convertiría en otro pobrecillo que desea imponer su pensamiento a esos otros que llama pobrecillos, es decir, quítate tú para ponerme yo. La soledad es buena, evidente, pero ¿Para qué? Yo no podría vivir en absoluta soledad, al final, necesitaría compartir con el otro esa misma soledad, porque no somos ostras, sino seres humanos. Yo soy de esos pobrecillos que afirman que sin religión no se puede vivir y, cuando digo religión, no me refiero a las instituciones eclesiásticas, sino a lo que el término religión significa: aquello que religa, lo que nos une a pesar de las diferencias y, ¿qué nos une? El amor a los otros, la admiración, el asombro, el estar atento por los otros desde mi soledad, pues esa soledad debe tener un sentido, significado, ¿para qué estar solo? Para poder saber de mi y de los otros, respetar a los otros para saber también de mi mismo, nadie es una isla, porque al final se ahoga en si misma, en la Nada. Tengo más, pero no quiero escribir un artículo al respecto, pero sí señalar que cada ser humano es un mundo y no existen reglas generales o comportamientos únicos, originalísimos, moldes a seguir para que los pobrecillos en soledad sigan mis consejos de mi pobre soledad. Unamuno, sí, magnífica novela o nivola, deberíamos releerla todos.

  4. Pablo Bethencourt 7 Junio 2009 at 9:33 #

    Una corrección a lo escrito anteriormente, lo de nivola o novela me refería a Niebla y no a Soledad.

  5. Pablo Bethencourt 10 Junio 2009 at 11:07 #

    Señor Dubarri, lo que llama acto de fe, el creer a ciegas, no tiene nada que ver con la fe y, como los términos que empleamos al hablar no son controlables como en la ciencia y en la filosofía, sería difícil entendernos. Sin embargo, la fe en la que vivo, no pertenece al orbe de la razón, sino al de la vivencia personal. ¿Creer a ciegas? ¿Eso qué es? No significa nada, porque cualquiera de nosotros, sea o no creyente, no puede creer a ciegas, porque la fe parte de la inteligencia, del conocimiento intelectual. Uno cree en Dios porque lo ha tenido que aprender de los otros, de la educación y su ámbito cultural. Por consiguiente, de momento, la fe es tan racional como cualquier concepto cartesiano o de la mecánica cuántica, igual de especulativo como los cálculos matemáticos o la teoría general de Hegel, en definitiva, no existe jamás, en ningún ser humano, la fe ciega, sino un concepto sin comprobar, una hipótesis a tener en cuenta, una posibilidad de que sea o no verdad esas creencias almacenadas en la memoria, de las que puedo retomar cuantas veces desee. El verdadero creyente, en lo que sea: ciencia, filosofía o religión, es el que más duda, la duda lo lleva a creer menos o más sobre lo que cree y, en esa soledad individual, comprueba, certifica, si es o no verdad el objeto de su creencia, cada uno es libre de elegir. Por lo tanto, esa frase suya llena de asombro que va sola al mármol: “¿Cómo es posible que un acto de fe como el creer a ciegas sea un don?” Y yo me pregunto también con ese mismo asombro aristotélico: ¿Cómo es posible que algunos intelectuales y científicos dictaminen sin prueba alguna que un feto humano no es un humano? ¿Es que la ciencia ha reemplazado a la religión? ¿Es que no existe ni la más mínima duda de lo que afirman? ¿Son dones las afirmaciones científicas? ¿Debo creer “a ciegas” a los sacerdotes de la ciencia y de la filosofía? ¿Habemus Papam?


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