La vida buena
Javier Sádaba, catedrático de Ética de la Universidad Autónoma de Madrid ha lanzado un nuevo libro, su título, La vida buena. Para mi mi fue una grata noticia el conocimiento de este libro cuando precisamente fui a la librería a comprar unos libros para mi hijo. Siendo Javier Sádaba uno de mis preferidos autores en cuanto al ensayo y la ética o bioética. No dudé en adquirirlo y empezar la lectura. Lectura amena desde la óptica de un escritor liberal, agnóstico, y con un lenguaje accesible para todo nivel.
Antes de escribir algunas citas de este libro, me gustaría resumir sus partes y epígrafes. El libro está dividido en cuatro partes diferenciadas según temática, según el propio autor: “La primera y la última lo enmarcan. Una es introductoria y exige una cierta elevación para, desde allí, contemplar el panorama entero de vivir. La última cierra y concluye lo que se ha expuesto anteriormente. Y, en medio, un amplio recorrido en la vida cotidiana, en donde repasaremos los aspectos que nos pueden hacer felices, mientras que buscaremos cómo evitar los que, a todos, nos producen sufrimiento.” Resumo el índice al final.
En el primer apartado Sádaba hace un recorrido por lo que es y significa “religión” en nuestras vidas, no solo el concepto en sí, la ausencia o no de creencias, sino también en cómo afecta eso en la felicidad. Pasa por las religiones del libro (judaísmo Cristianismo e islam) haciendo mención a otras como el budismo y el jainismo (religiones carentes de dioses, “ateas” con creencias en un Más Allá) y el hinduismo. No solo despeja el sentido religioso y su relación con la felicidad o no felicidad del ser humano, también recorre con citas de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein entre otros la búsqueda de la felicidad y el verdadero concepto de ella. “Ser feliz es estar bien y punto, al margen de disputas académicas” afirma Sádaba.
Un repaso sobre la falacia de un Ser Supremo, sobre el laicismo o secularización de la sociedad, sobre el fundamentalismo religioso, las promesas del Más Allá y el eterno sueño del ser humano con la inmortalidad. Cito a Sádaba: “El optimismo ingenuo conduce al optimismo imbécil y este, directamente, a la imbecilidad.” (pág. 67)
Sobre el fundamentalismo religioso comenta:
“El fundamentalismo es sentido estricto consiste en tomar al pie de la letra los libros revelados. Es reactivo y, en consecuencia, se opone radicalmente al progreso, a la visión racional del mundo. El fundamentalista no razona, está seguro de sus convicciones y de los errores de los demás.” (pág. 74)
En este primer apartado va de lleno a los aspectos de la felicidad y de los “vendedores de felicidad”, mejor dicho vendedores de humo, las religiones.
En la segunda parte, Javier Sádaba entra de lleno en el significado del bienestar y las vías para conseguirlo, así como los fracasos o los falsos estados del bienestar. Me llama la atención el comienzo del cual extraigo esta cita:
“Las depresiones que no se doblegan a los psicofármacos, el estrés que no cesa, las dificultades crecientes para gozar con los amigos, la mediocridad política, las promesas incumplidas y otros fracasos similares son el fuelle para que prenda el fuego de una religión que, traspasando los límites de este mundo, propone una felicidad en el otro.” (pág, 81)
Son esas pequeñas cosas de la vida, y que a veces pudiendo tenerlas a disposición no las vemos tal como la soledad que comenté en otro artículo en El Averno y del cual soy un defensor. Me sorprendió cuando leí de Sádaba que “quien está tenso no lee a gusto y quién lo hace sometido a un ruido perturbador, tampoco. Escribió Pascal que el comienzo de la infelicidad se da por no saber estar solo en nuestra habitación.” ¡Y qué verdad! ¿No? Creo personalmente que es uno de los males de la sociedad.
En esta parte del libro toca el tema de las fantasías y de la imaginación. La agresividad y la violencia. La agresividad como la parte animal que nos corresponde y la violencia como parte de la cultura. Francamente un apartado muy interesante. En lo tocante al sufrimiento y el mal un buen repaso a la eutanasia, sus conceptos, entendimientos, etc. y al dolor. No solo al dolor físico sino al moral o psicológico. Muy acertado Javier Sádaba. Sobre el mal me gusta esta cita:
“Existe un mal imbécil que ataca como una enfermedad crónica en la vida cotidiana […] Es el mal que se tolera sin darle ninguna importancia, sin enterarse de lo que está sucediendo, […] el que perpetra quien se cruza de brazos ante una clara injusticia, tomándola como un dato irrelevante más de la vida cotidiana.”
Higiene, dieta y lectura, con esto acaba esta segunda parte: la calidad de vida. Cuando se pasa del juego a la competición y cuando es el sufrimiento la causa de un desorden en esto. Y no entro más, porque el libro tiene mucha temática y me tiraría horas escribiendo sobre él. Una cita final a esta parte:
“Mucho mejor es, sin perder la paciencia, agarrar lo que interesa, por pequeño que sea y, de ese modo, aumentar el bienestar. Esa felicidad es, así, inteligente.” (pág. 131)
La tercera parte, dedicada al aburrimiento, su definición, la diferencia con el tedio y lo que condiciona esto a la felicidad, es muy interesante. He descubierto como comenta Sádaba tres clases de aburridos: los graves, los “estirados” y, los “mudos” o “profundos”. A más de uno de esos me ha hecho recordar a ciertos personajes que conocí en los grupos de noticias. Un repaso sobre el cínico y el hipócrita, la ironía, da un perfil muy bueno a la hora de abordar el aburrimiento.
Sobre el tertuliano, sí ese de las tertulias, del italiano “trastulla” (diversión) escribe con una crítica asombrosa, magistral diría yo. Escribe Sádaba:
“El tertuliano de las tertulias […] quiere decir “diversión”. Es eso lo que ha sido la tertulia clásica, la de los cafés, en donde discutieron y gozaron personajes de la literatura y de las artes de este país. El nuevo grupo de tertulianos de nuestros días, que truena por las ondas de radio o de televisión, desde la mañana hasta la noche, es muy distinto. Porque repiten la consigna de la tribu política a la que obedecen y porque opinan de lo que les echen, aunque no tengan la menos idea sobre ello. Representan uno de los signos de nuestro tiempo; un tiempo en el que casi todo sale gratis, un insulto quedará impune, y una falsedad o un argumento inválido se perderán en el aire sin que haya corrección alguna.” (pág. 139)
Yo añadiría es este párrafo tan lapidario y acertado, que no solo en TV y radio sino en los Grupos de Noticias donde no haya control de calidad y, como dice Sádaba todo sale gratis. Un recorrido sobre el civismo y respeto, la concordia pasando por el altruismo humano o mejor dicho el egoísmo y sus tipos, terminando el viaje de la lectura en esta tercera parte con un estudio sobre el engaño, la mentira, el autoengaño y los políticos. No falta menciones a las religiones. Como colofón el retorno a la niñez y a la ilusión, y de eso los padres sabemos mucho. “La inocencia y la ilusión nos conducen a la esperanza” (pág. 195). Dice Sádaba:
“Nuestro vivir en el presente, apoyados en el pasado, se proyecta en el futuro. Es el futuro, eso pensamos, en donde cumpliremos nuestros deseos […] Cierto psicoanalista francés [...] sentenció que nuestros deseos se cumplirán en la muerte”. (pág.196)
Yo diría que ya vivir un día más ya es cumplir un deseo…
Para finalizar mi exposición sobre este libro de Javier Sádaba, cuarta parte y final. La salud, bioética de la cual Sádaba es uno de los mayores exponentes de este país. Recuerdo la grata lectura de su obra “Saber vivir”. Hace un recorrido actual y real sobre la enfermedad, las curas, la felicidad en tiempos difíciles en la falta de salud. La biotecnología, la eugenesia o la neoeugenesia como define el autor, y cómo no, el sentido de la vida y la mística natural. En este apartado aborda la moral y el sentido de la vida desde una visión laica y comparativa a la visión moral religiosa. Para terminar este comentario y dejaros con ganas de ir a la librería más cercana acorto esto con una cita más de esta cuarta y última parte:
“Como escribió otro filósofo, -toda palabra es una palabra de más-. Ante el mutismo del Universo, silencio. Ante la ambigüedad de los afectos, silencio. Ante la inutilidad de dar con una respuesta satisfactoria al sentido de la vida, una actitud silente, distante. […] El silencio respeta lo que no sabe y, como el amor, se basta a si mismo.” (pág. 266)
Estoy seguro que a más de un descreído le gustará esta última parte, no solo por el repaso de las religiones y por la bioética analizada ante los grandes avances científicos de nuestros días. También porque aborda situaciones sociales actuales.
Mi opinión: ¡Javíer, un magnífico libro! Supe en ese momento que su contenido me haría disfrutar no solo de la lectura en este pasado fin de semana lluvioso en Bilbao, sino que mi ser se llenaría de una visión de la vida diferente y más amplia. Os lo recomiendo amig@s.
Datos: La vida buena
Autor: Javier Sádaba
Editorial: Ediciones Península
ISBN: 978-84-8307-872-3
279 páginas.
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Primera parte: Segunda parte: Tercera parte: Cuarta parte: |
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Creo que si se nos enseñara a razonar desde niños, viviríamos una vida con más responsabilidad y valentía, no esperando que un ser supremo nos premie en la otra vida por las injusticias que aguantemos en ésta. Mucha gente soporta de todo en ésta vida, esperanzada en la zanahoria celestial. La vida es aquí y ahora, y si está bien aprender del pasado ( sin quedarnos atrapados en el ) para tener un presente digno que nos lleve a un futuro ( si es que lo vivimos) de una vida con decoro y bienestar, teniendo lo escencial para vivir disfrutando con responsabilidad las cosas de la vida.
Y gracias por la recomendación del libro, ojala que aquí en México lo pueda encontrar para leerlo.
Parece que la felicidad es vivir aquí y ahora, con los que nos rodean, con lo que tenemos y lo que razonablemente podamos conseguir, y necesitando lo mínimo y disfrutando de todo lo que no nos sea imprescindible pero tengamos. Y volviendo un poco la espalda a los medios de comunicación, la política y la religión, que son los que siempre nos prometen felicidades futuras que nos hacen infelices en el presente.
Desde luego que parece magnífico. Creo que hoy, al volver del trabajo, me pasare por la librería.
Escuché varias veces a Javier Sádaba, que no Sábato, hace ya tiempo, por la radio y la televisión, y siempre me pareció, con esa figura apostólica que porta, melena blanca y rostro apacible, uno más del elenco de sacerdotes agnósticos de la nueva era en la cual lentamente nos anegamos. Y digo sacerdote, porque, yo, que me formé, fatalmente, en colegios de curas – no habían otros entonces, salvo los vetustos institutos de enseñanza estatales y colegios para los niños pobres -, me recuerda a uno de ellos, es decir, ese dogmatismo “per se” pronunciado suavemente, ese “a priori” kantiano, y luego ¿Cómo no?, el “a posteriori” hegeliano, cuando la lechuza emprende el vuelo sobre los últimos rayos de sol. Sólo le faltaba el gorro salesiano, babero de La Salle, alzacuello jesuítico, la vara del buen pastor y la “aaroniana” vara con sus ramitas verdes que te quiero verde, es decir, una imitación a lo liberal, de los cientos de curas que vi pasar por la mesa del profesor desde mi pupitre de madera de palo santo. Y es, precisamente, ese agnosticismo, el que le hace ser sacerdote por orden de Melquisedec, rey de Salem, postura que radicaliza todas sus intervenciones públicas y escritos, esa pose pastoral laica, que no pastoril ni bucólica, situándolo en un pedestal, nuevo mesa de las proposiciones, procesiones bajo palio, salvador de almas perdidas por esos mundos hediondos de eclesiásticos páramos. Y algo de razón unamuniana lleva, no lo discuto, pero – hete aquí el pero-, al intentar esclarecer con su discurso secular, agnóstico y teórico, comete los mismos errores de aquellos curas acullá señalados, disfrazado de liberalismo y progresía. No hay peor desgracia para un filósofo, científico e intelectual que el “prejuicio”, entendido aquí, como el concepto de donde parto para construir una tesis, concepto no aún comprobado o reflexionado lo suficientemente como para llegar a conclusiones definitivas. Y aquí es donde debemos separar lo que es un creyente eclesiástico del que no lo es, y más, cuando éste último, no pretende, ni mucho menos, convencer al otro,lavarle el coco al laico de su error, cosa, que estos nuevos laicistas sacerdotes como Sádaba, pretende o, por lo menos, reflejan tales propósitos. Pero aquí hay algo que se esconde detrás o se intenta ocultar ante las multitudes: el poder. Y estos nuevos profetas, sacerdotes, visionarios y pastores, todos ellos muy laicos y agnósticos, inteligentísimos más allá de las multitudes, ensayan sermonear desde el púlpito sin templo, cómo debo pensar sin creencia religiosa alguna, solo con mi Soledad. ¡Cáspita! ¡Eureka! ¡Zambomba! No había caído.
Hola Pablo, dices y cito textualmente: “el concepto de donde parto para construir una tesis, concepto no aún comprobado o reflexionado lo suficientemente como para llegar a conclusiones definitivas”. Me gustaría ante la critica que haces a Sádaba saber cual es “el concepto”, ese concepto que según comentas no es comprobado. Por otro lado no es buena idea proyectar las ansias de poder o el “sobrenatural” ritual de un sacerdote en el púlpito hacia un científico o un filósofo ya que entiendo que el objetivo no es el mismo: no es lo mismo enseñar, ampliar el conocimiento que adoctrinar en la fe y con todo el concepto y carga que lleva la fe. Gracias.
Disculpa de responder después de tanto tiempo, mis ocupaciones me lo han impedido, buscando un tiempo para el ocio. Pues si ahora tengo que explicar lo que es un concepto, pues no, te remito al artículo de Ortega sobre lo que es el concepto. Sin embargo, me refiero concretamente, en general, de la figura de los que se llaman agnósticos que afirman categóricamente cosas supuestas o supuestas cosas sin prueba alguna, por lo tanto, no hay nada que aclarar al respecto, pero sí a lo del sacerdote desde el púlpito, pues creo que la misma actitud de ese cura párroco, es semejante, exactamente parecida, a la de los científicos o de los filósofos. He hablado de prejuicio en su sentido más estricto, es decir, y vuelvo al concepto, cuando dentro de éste, hay premisas supuestas, creencias sobre las cosas y lo seres, las cuales, contribuyen a mantener un artículo de fe científico, parecido a los rancios artículos de fe eclesiásticos, creamos por tanto, otra clase de curas y sacerdotes.
Por poner un ejemplo: el feto de un ser humano, hasta que no llegue a tres meses, no puede considerarse un ser humano ¿Quién dictamina eso, qué pruebas hay sobre el tema? ¿Es que el aborto no es un crimen? ¿Lo es más o igual que matar a una persona desarrollada? Tengo dudas sobre ello y, por esa duda, me tachan de retrógrado, no soy progresista, estoy lleno de prejuicios morales y religiosos, todos en el mismo saco.
Otro ejemplo: la homosexualidad es tan natural como la vida misma, es decir, no hay otras posibilidades ni estudios que puedan rebatir tal verdad porque inmediatamente te tachan de homofobia.
Otro ejemplo: la no existencia de Dios ¿Qué argumentos racionales, filosóficos y científicos existen sobre la no existencia de Dios? ¿Qué pruebas tenemos de su no existencia? ¿Qué pruebas hay de su existencia? ¿Realmente existió Sócrates o Jesucristo? Es la duda lo que a mi me hace diferente ¿Y si existiera Dios? ¿Y si no existiera? ¿Somos eternos? ¿Existen otras dimensiones en las que puedo vivir una vez destruido mi cuerpo? ¿Quiénes somos en realidad? ¿La razón por sí misma es capaz de solucionar todo? ¿La razón se equivoca? ¿Lo que afirma hoy mañana lo niega?
Me refiero a estos prejuicios que, los nuevos sacerdotes hoy llamados científicos, filósofos e intelectuales, quieren bautizarnos.
Pablo, en parte estoy de acuerdo contigo, la “duda” nos hace ser diferentes, el escepticismo, el incredulismo (si se me permite la expresión). Yo como Jean Pierre Dubarri dudo de la existencia de dios y de la no existencia de dios. Aplico la máxima que nadie podrá llegar a saber ni llega a conocer ese dilema. ¿Qué es dios? ¿Quien es dios? ¡Y qué mas da! si la duda ha existido y existirá hasta el final de la existencia humana. Me parece desde mi punto de vista agnóstico arriesgado afirmar como negar un dios, otra cosa es el eterno dilema que planteo: ¿Qué concepto tenemos de dios Pablo? ¿Dios es un humanoide, un “algo etéreo gaseoso”, etc.
Las culturas y las religiones lo han pintado de diversas maneras, variopintas e incluso en varios dioses, qué se puede decir ¿no? El hecho social que hoy en día existan tres grandes religiones monoteístas tampoco avalan la existencia de dios. Ni que la Biblia sea uno de los libros más leídos, traducidos o vendidos.
Los extremos no son buenos para el conocimiento y la duda, pero reconozcamos que la ciencia nos ha acercado más a la realidad de lo que somos que las religiones en todos los siglos de su existencia. ¿No?
Un saludo,
Jean Pierre Dubarri
Si alguna lectura representa para mi, el sosiego, el aprender o ayudarme a vivir, sería sin duda, la obra de Sádaba, el primer libro que leí, fue “Saber vivir” y ahora, doblando las últimas esquinas de la vida, paso a reencontrarme con él, en la vida buena, es como si hubiera leido el tiempo recobrado, de Proust, Gracias Javier
Recomiendo el libro: La vida buena. Teoría crítica del vivir. Lima. 1999.