Carta sobre el agnosticismo

Juan Pablo Saenz me escribió el 18 de junio de 2007 un temario completo sobre su visión del agnosticismo. Buscando en mi hemeroteca personal he creído interesante importar a mi blog con mis respuestas incluidas tal como me solicitó en su día Juan Pablo:

vinciagnosticismo

“El siguiente es el borrador de un capítulo de un texto más extenso que estoy escribiendo sobre -Fe y Razón-; y aunque me interesa especialmente la opinión de Dubarri (con ánimo de polemizar) en buenos términos y porque [1] se que contigo se puede y por [2] tu condición de agnóstico, Dubarri, lo pongo aquí para quien quiera.”

4. Los “argumentos racionales” a favor de la existencia de dios

4.d. Imparcialidad: agnosticismo

Juan Pablo Saenz (JPS).- Entiendo que el lector atento se sienta algo desconcertado en este momento. ¿Cómo voy a presentar al agnosticismo como un supuesto “argumento racional” a favor de la existencia de dios? ¿No es el agnosticismo, justamente, una corriente que proclama la incapacidad de conocer si existe o no dios? ¿No es ésa, en definitiva, la única posición realmente racional, ni a favor ni en contra de nada, que admite su desconocimiento sobre el tema y se limita a no opinar? Me atrevería a afirmar que no es así.

Dubarri (D).- La idea principal, por no decir el núcleo del agnosticismo es: la razón, experiencia, conocimiento y creencia (ojo, no confundir con fe). Creencia supeditada al conocimiento y ciencia, más adelante o explico.
Desgrano este núcleo para entender mejor las bases del agnosticismo y no caer en el error y tópico de Mel, dónde  nos tilda de pasotas y que no razonamos; muy a la contra. Se razona y mucho. Vamos pues:
a) La experiencia, sus componentes objeto y sujeto. El objeto es dado, el sol. El astro rey es universal y todos lo apreciamos y sentimos como tal es. En cuanto a una piedra cristalina como objeto, cada cual puede aplicarle el sujeto y aunque el objeto es tal cual, los sentidos del ser humano, tacto, vista, olfato, cambian la percepción y objetividad; ahí tenemos al sujeto. Lo llamaremos cuarzo, cuarzo rosa, cuarzo irisado, etc. Pero el objeto es tangible, existe, y con el sumando formamos la experiencia.
En cuanto a la experiencia religiosa, hago este apunte por Mel [1] y algún otro que pueda apuntar hacia aquí, es distinto. Me explico, no tenemos objeto, y el sujeto es creado desde una dimensión donde carece de calidades, cualidades en un espacio tridimensional, por lo tanto subjetivo e irracional. Ejemplo: ¿quién puede describir la luz y el color si solo conoce las tinieblas? Un ciego. La experiencia místico-religiosa queda restringida al ámbito psicológico. Y eso no tiene manera de conocer la existencia o naturaleza de una cosa, porque para el conocimiento se exige las relaciones con otros sujetos. “Lo que yo se que es de color rojo no proviene solo de mi experiencia personal (mi sensación), sino de otros factores: que revela una fotografía, tocada y vista por otros, etc.”
b) El conocimiento. Respecto al conocimiento vs. creencia era que surgiese el conflicto, “era inevitable (Huxley)”, La doctrina gnóstica del clericalismo (lo que le gusta a Mel), sostiene que hay proposiciones que los hombres deben creer, sin evidencia lógicamente satisfactoria. El agnosticismo considera que la fe entendida según los gnósticos es una abominación, por lo tanto el agnosticismo no es ningún credo, de ningún tipo, ni negativo. Hay un principio que dice que si se afirma una cosa o se dice estar seguro (en la certeza) de la verdad objetiva de una proposición dada (véase dios por ejemplo), debería rendir evidencia que justifique dicha certeza. La aceptación del principio agnóstico conlleva a la subordinación de la creencia al conocimiento y ciencia: “Todo hombre de ciencia está obligado a exigir el fundamento racional para la creencia; y sin el cual el asenso es meramente un pretexto inmoral” (Julian Velarde)

¿Cómo lo ves ahora Juan Pablo la formulación de tus preguntas? Coselas apunta, si no he entendido mal, que el agnóstico rehuye de las preguntas metafísicas existenciales. nos es una postura “cómoda” en en el estricto sentido de la palabra como apunta Mel, es mas bien la ejecución de la racionalidad y admitir las capacidades cognoscitivas del ser humano. ¿Es mas inteligente buscar en la gnosis dioses fantasmas, alienígenas, unicornios, hadas o limitarse a desarrollar nuestra creencia en los límites del conocimiento y ciencia y avanzar según fluyen nuestras experiencias cognoscitivas?

JPS.- Si bien el agnosticismo estricto representa la esencia del espíritu racional que pretende defender este texto, no es ese el uso que, por lo común, se le da a la palabra cuando nos referimos al agnóstico de dios.
A ese tipo especial (tan extendido en la sociedad moderna) de agnóstico de dios es a quien me refiero aquí, no al agnóstico estricto científico-filosófico. Cuando digo agnosticismo estricto, me refiero al tecnicismo al que hice referencia más arriba: una postura racional, desde la cual nada imaginable puede negarse categóricamente, simplemente porque la magnitud de todo lo existente y la limitación humana nos impide observar todo lo potencialmente observable. Es posible imaginar un planeta en la órbita de Alphacentiuri en donde existan seres de diez centímetros de altura y de tez azulada, o pequeños insectos con forma de jóvenes mujeres, pero nadie ha viajado nunca hasta Alphacentauri. Nadie puede. Es imposible encontrar pruebas en contra de la existencia de los pitufos, las hadas o los unicornios azules invisibles. Ahora bien, ¿es probable que existan los pitufos, las hadas y los unicornios azules invisibles? El que algo no sea irrefutable, el que no haya pruebas de su no existencia, no es una evidencia a favor de la existencia de ese algo, ni siquiera lo convierte en probable. Richard Dawkins expresó magistralmente esta idea:
“Que no se pueda probar la inexistencia de Dios es normal e insignificante, aunque solo sea en el sentido de que nunca podremos probar absolutamente la inexistencia de nada. Lo que en realidad importa no es si Dios es irrefutable (no lo es), sino si su existencia es probable. Esto es otro tema. Se estima que algunas cosas irrefutables son mucho menos probables que otras cosas también irrefutables. No hay razón alguna  para considerar que Dios es inmune a la consideración en el espectro de probabilidades. Y ciertamente no hay razón para suponer que, tan solo porque Dios no puede ser probado ni refutado, su probabilidad de existencia sea del 50%” (Dawkins, 2007, pág. 64)

D.- Conozco esa cita. Bien, ahí Dawkins hace una referencia más atea que agnóstica crítica. De todas las formas no estoy de acuerdo con el término que usas: agnóstico de dios. No hay agnóstico de dios, ni agnóstico de brujas, ni agnóstico de Papa Pitufo, simplemente agnóstico. Dentro del agnosticismo puedo diferenciar, aunque a veces dudo de ello, que existe un agnóstico empírico, y estricto. La existencia es probable dentro de la imaginación del ser humano, fuera de ello, las probabilidades se miden con la ciencia, y los métodos científicos.

JPS.- Exactamente aquí es donde radica, en mi opinión, la irracionalidad del agnosticismo. El agnóstico proclama no saber si dios existe o no, pero a la vez aclama, por lo general con orgullo, que le da el 50% de posibilidades a cada una de las opciones. ¿Porqué? Pues porque “no sabe si existe” o, expresado más exactamente, porque “limitado por su propia naturaleza, no posee las herramientas cognitivas para poder conocer cabalmente a dios, en el caso de que él existiera”. Preguntémosle ahora a cualquier agnóstico de dios, en qué medida es agnóstico de los pitufos, de las hadas o de los unicornios azules invisibles: la respuesta que obtendremos será la de un agnóstico muy, pero muy estricto.

D.- Es incorrecto tu comentario porque partes de una afirmación falaz. Te he explicado anteriormente la racionalidad del agnosticismo y los límites del conocimiento, repito, Coselas te ha hecho un buen comentario. El agnosticismo no da posibilidades a que dios exista, es más, no se plantea siquiera la existencia por la incapacidad de alcanzarla. ¿Tu te puede plantear la existencia del color “magenta” sin tener capacidad para poder apreciar los colores?. Pero tu me preguntas si existe ese color que nadie ha visto ni tienes capacidad de ver; te diré que en el ámbito místico religioso, y bien he dicho; pertenece al mundo de la psique, no de la evidencia y lo real. El día que haya alguien que pueda hacer ver el color en un mundo sin color, podemos empezar a hablar del objeto, sujeto. De la experiencia evidenciada, y esa puerta se queda entreabierta por medio de la ciencia. [...]

JPS.-Esto evidentemente no es así, porque la disyuntiva es y fue siempre *dios contra natura*, y porque la opción “dios” es mucho más fuerte que la opción “Matrix”. Es más, creo que en el fuero interno de la mayoría de mis lectores, aún en el de los ateos, este planteo suena demasiado construido.

D.- Creo que caes en el error de poner en confrontación a un ente que no es ni objeto (dios), ante un entorno objeto (natura). No podemos partir de un diálogo y razonar sobre el conocimiento poniendo a dios como algo que existe per se. La disyuntiva es conocimiento contra creencia. Así podemos entendernos mejor. ;-)

JPS.- La respuesta al porqué de esta reacción me lleva directamente al segundo escenario posible, que creo más ajustado a la realidad, en donde el concepto de lo divino nos fue inculcado a una edad muy temprana, cuando todavía no teníamos la edad suficiente para discernir si la imagen de aquel gigante gordo y barbudo, vestido con una túnica blanca y alpargatas, siempre rodeado de nubes, era algo creíble, factible y lógico, y que por ello los adultos de hoy somos menos inmunes al concepto de lo divino y mas proclives a aceptar a la religión en particular o la idea de dios en general como algo por lo menos imaginable, en lugar de tildar a ambas cosas de locura descabellada y no perder más tiempo en el asunto [*],  como hace la mayoría de la gente cuando se le plantea que la Matrix existe, o que el origen de la vida en la tierra es producto de un experimento extraterrestre.

D.- Me hablas de Matrix, extraterrestres, etc… He comentado que se necesita evidencia, confirmación y experiencia. Hablar de ello, de conocimiento se exige como dice Velarde, que sean intersubjetivos. La creencia puede ser subjetiva (la fe) y puede atar apoyada en una “experiencia” personal subjetiva o psicológica. Un niño en función a su entorno, cultura puede creer en el Ratoncito Pérez, Reyes, Papá Noel, King-Kong, en Matrix o en extraterrestres, entre muchas cosas más. Pero en virtud al conocimiento y a la confrontación de “su evidencia” o “experiencia” con otros sujetos hecha por tierra todas esas fantasías. Y ahora te remito a dios como un ente más en el género de lo subjetivo. Un agnóstico sostiene coherentemente que de la existencia de dios no hay conocimiento (no hay evidencias), aunque pueda, haber creencia.

JPS.- Así, bajo el manto de la imparcialidad se descubre una tendencia marcada; si el agnóstico estricto se declara ateo, …

D.- No conozco ningún agnóstico estricto que se declare ateo, un ateo niega y defiende su negación sobre la existencia de dios.

JPS.- Nada más lejos de la verdad. Análogo al defensor del “Diseño Inteligente”, el agnóstico asume a priori que la posibilidad de que dios exista es desproporcionadamente alta, confunde presunción con conclusión, y (como si todo esto fuera poco), dictamina para sí mismo una condición especial, pero ciertamente falaz, basada en un fundamento equivocado.

D.- Error, repasa lo anterior, ningún agnóstico confirma y afirma la posibilidad de la existencia de dios. No se dan las condiciones para ello.

JPS.- Tomando en cuenta estas consideraciones, el agnosticismo representa un argumento supuestamente racional (acaso el supuestamente más racional de todos los argumentos) a favor de la existencia de dios.

D.- Es una falacia, si el agnosticismo es racional es precisamente porque aplica las causas que en principio presenté: la razón, experiencia y conocimiento. Razón es algo dado por nuestra posibilidad como homo sapiens sapiens de tener capacidades cognoscitivas. La experiencia es la relación objeto sujeto con nuestros sentidos: sabemos que el sol calienta por ver un rayo iluminar la piedra y al cogerla esta nos quema y nuestros sensores dérmicos avisa al cerebro de tal evento. Esas tres, y la creencia (no fe) objetiva supeditada al método científico y al conocimiento es lo que da al agnosticismo  un argumento racional, ante la fe en un determinado dios o entidad fantástica.

[* Nota de Juan Pablo] Se me dirá que a los seis años tampoco podíamos decidir sobre la credibilidad, la factibilidad y la lógica de Batman, y que ningún adulto en su sano juicio cree en este personaje, conocido también a muy tierna edad. Es cierto; sin embargo, este es un argumento más a favor de la irracionalidad del agnosticismo y de la fe en general, ya que nunca ningún niño vió a su abuela, a su madre o a su padre rezarle a Batman; los domingos nadie obliga a sus hijos a ir a las Baticuevas barriales; ningún periódico informa sobre un país llamado Baticano; la t.v. no transmite un programa especial de 56 horas seguidas cada vez que muere su comisionado de turno; en las escuelas ningún alumno tiene dos horas por semana de adoctrinamiento, en donde una y otra vez se les cuente que el Joven-Maravilla haya muerto por los baticados de los hombres, y en donde se afirme, con total desparpajo, que después de la muerte iremos todos a vivir a Ciudad Gótica, excepto si vivimos en desobediencia a las normas dictadas por Batman, en cuyo caso nos esperan los eternos tormentos del pingüino y del acertijo. Si bien la socialización es una responsabilidad familiar, es la sociedad (todavía creyente) en su conjunto quien la ejecuta.

[1] Mel. Contertulia católica-creyente.

Jean Pierre Dubarri (2009)

One Comment to “Carta sobre el agnosticismo”

  1. Ivan Mora 5 Enero 2010 at 1:05 #

    El agnosticismo no ha tenido mucho éxito por la simple razón de que se limita a constatar el hecho de que con los instrumentos de la razón no se puede afirmar ni refutar la existencia de Dios. No es precisamente un descubrimiento y como vía filosófica es más bien corta, la verdad. Todos los que hemos coqueteado con el agnosticismo ha sido por la incapacidad o la indecisión de, en un momento dado, emprender uno de los dos caminos posibles. Un cordial saludo.


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